En 2016, el Papa Francisco declaro ese año como el «Año de la Misericordia» y como imagen eligió, la inspirada en la parábola del hijo pródigo.
Esta parábola fue llevada al lienzo por muchos grandes artistas, y entre ellos Rembrandt y Murillo.
Ambas fueron opciones, cuando el Padre David de la Parroquia de San Antonio de Padua (Jesús María, Lima, Perú) me propuso hacer la pintura.
La opción fué la de Rembrandt y así la trabajé, con algún toque personal, claro está.
La obra estuvo en exibición durante todo desde marzo 2016 a marzo 2017, y hoy forma parte del patrimonio de la comunidad salesiana.